LO SIENTO MAESTRO
Las emociones siempre me sorprenden.
Siempre pensaba que el que aparecieran los restos de los desaparecidos iba a calmarme la angustia de no saber qué había sido de esos seres tan queridos.
Por el contrario hoy estoy más angustiado que de costumbre, los restos que aparecieron hace poco más de un mes hoy se sabe que son del Maestro Julio Castro. Un hombre ilustre de nuestro Uruguay, maestro, pedagogo, y periodista de renombre.
Tenía en el momento de ser secuestrado 69 años de edad.
Es tanto el dolor que me produce esta noticia, que no puedo contener la tristeza que me invade.
Quisiera que me surgiera una frase que expresara mi pesar por su desaparición Maestro, pero no puedo.
Mi amargura no podré calmarla con ejercicios de meditación.
La pena ahoga mi rabia e impotencia. No puedo decir como en otros casos “Salud Compañero” cuando cayeron en combate.
Pero ante su asesinato, solo puedo decirle que como uruguayo me avergüenzo, y solo atino a decirle que lo siento profundamente.
Ojalá pudiera decir “perdónelos que no sabían lo que hacían”, pero eso sería una mentira.
Sabían muy bien lo que hacían. Mataban a un ser amado por el pueblo, un hombre cultivado y creativo, al que la dictadura eliminó por su ideario.
Un hombre que estaba armado hasta los dientes, pero armado de palabras que no de fierros
Lo siento Maestro
Néstor
Confirmado que los resultados de ADN de los restos hallados en el Batallón Nro. 14 el 21 de octubre pasado, en el marco de una de las excavaciones ordenadas judicialmente, corresponden a quien en vida fuera el maestro y periodista Julio Castro, un militante independiente.
Fue secuestrado en la mañana del 1 de agosto de 1977, a los 68 años, en la vía pública.
Estaba jubilado y había sido maestro rural y redactor responsable del entonces clausurado Semanario Marcha. Los forenses intervinientes encontraron signos de tortura y su muerte se debió finalmente a un disparo en la cabeza con un arma de alto calibre.
Julio Castro fue maestro de curso, director de escuela común y de práctica, subinspector de Enseñanza Primaria, inspector departamental de Montevideo, profesor de filosofía de la educación y de metodología en los Institutos Normales, conferenciante sobre temas pedagógicos y sociales. Sindicalmente militó en la Unión Nacional del Magisterio, en la Federación de Asociaciones Magisteriales del Uruguay y a partir de 1945, en la Federación Uruguaya del Magisterio, entidad unitaria gremial que contribuyó a crear. Representó a los sindicatos de docentes en reuniones gremiales continentales, en Chile y en México.
Fue autor de un conjunto de obras sobre temas educacionales, algunas de las cuales merecieron primeros premios en los concursos anuales de pedagogía convocados por el Ministerio de Instrucción Pública
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Julio
Por Eduardo Galeano
En los huesos de Julio Castro está el más certero retrato de la dictadura militar. Dime a quién odias y te diré quién eres: a Julio lo mataron y lo desaparecieron porque era un hombre solidario y digno, porque jamás humilló ni se dejó humillar,
porque era querido y queriente,
porque era respetador y respetado,
porque era un hombre vivido y sabio, el más modesto de los sabios, y su sencilla manera de vivir y de escribir ofendía a la arrogancia armada, y porque tenía un invencible sentido del humor, que siempre lo ayudó a ser más fuerte que el miedo
Al hermano Julio
Por Guillermo Chifflet
Baqueano como era, en tantos caminos a través de sus artículos, pero también en la charla cotidiana, en las ruedas de amigos o en las vigilias de cada edición de Marcha (de la cual era redactor responsable), fue siempre profesor de una materia imprescindible: enseñaba América.
Algunos conocemos los ecuadores de Ecuador, por ejemplo, a través de sus relatos, en los que habitaba el alma de los indios, de los gauchos, de los cholos, de la gente de la América secreta.
Y también las anécdotas y dichos, luces y traiciones de partidos y caudillos, que Julio conocía personalmente, muchas veces
El sombrero de Julio Castro
Yo no sé si maestro se nace, pero siempre he creído que una condición del verdadero maestro es esa cosa, tan de Julio, de enseñar cómo sin proponérselo, sin el menor aire profesional, haciendo de la sabiduría casi una condición natural como de cuento junto al fogón compañero.
El sombrero de Julio Castro estuvo años en el centro de la mesa de su casa donde él lo dejaba, siempre esperando, ayer llego el día para el que ahora descansara en el mismo lugar, en un museo, en la tumba o en el pensamiento popular.
Sombrero de color neutro,
de material humano, de horma sin medida, diseñado por artesano anónimo.
Por suerte no presencio nada, no fue revolcado, no fue baleado, no fue maniatado, no fue amarrado por una cuerda, no fue sujetado por alambre, no fue apremiado físicamente, solo esperaba el lugar a cubrir de su entrañable hermano.
Hoy vuelve a cubrir la escuela rural, la página en blanco del semanario Marcha.
Queda la memoria de aquel cerebro ayudando a salvar perseguidos de la dictadura, esa calva protegida por vos sombrero cómplice junto al Consulado mexicano a proteger la salida, delito imperdonable para los traidores del pueblo.
Sin otro particular sombrero te despido junto al maestro, más vivo que nunca perdonando al alumno de la escuela Sanguinetti, hoy cumpliendo retiro espiritual en el templo Domingo Arena.
Salud y hasta siempre compañero educador
¡BIEN AHÍ, COMPA JULIO!
El Compa Julio Castro, con esa picardía creativa de los pichis presos, nos hace señas desde el más allá con el zapato.
Capaz que los subalternos del Ñato lo enterraron encapuchado y con temor de la guardia se abstiene de usar su índice descarnado.-Viejo y capaz maestro, continúa enseñando.
Nos muestra con el zapato en que se convirtió el paisito envilecido y saqueado, cómo se trastocaron los valores, cómo consiguieron que la gilada acepte como normal que el agua esté encima del aceite.
Nos enseña el poder de las armas, el valor de la fuerza bruta, como un depravado analfabeto se superpone al intelecto humanista y principista.
El Compa Julio aparece como ejemplo imperecedero, como fértil abono de la historia; de la decadencia que hay que interrumpir.
Ya por sus méritos su vida había quedado en la historia, ahora pasa también su muerte, por méritos de sus asesinos que van a descubrir el pésimo negocio de intentar fusilar ideas.
Sembrador de ideas, ahora lo es también de indignación, de rebeldía y asco
Gracias maestro, aunque sea pesada la herencia que nos dejas a los vivos
Compañero: dé que tu muerte no sea en vano
MAU-MAU
LINK SOBRE JULIO CASTRO
fueron enviados a Comunidad Educativa, pero Mauricio Langón esccribió una pesía muy buena sobre él.
saludos bibiana